30 Ago

Dulzura

de otoño

 

Las uvas blancas son frutas que crecen en racimos formados por granos ovalados y carnosos. El color de su piel varía, pudiendo lucir tonos verdosos, rojizos, rosados, o amarillentos. Su pulpa es jugosa y dulzona, contiene pepitas pequeñas en su interior.

Nacen de la parra o vid conocida en botánica como vitis vinífera, planta trepadora de poda anual que crece a una altura que oscila entre 1 y 2 metros, cuyo fruto madura en otoño.

Fue uno de los primeros frutos cultivados por el hombre, así lo demuestran las semillas encontradas que datan del período neolítico en yacimientos arqueológicos de Suiza, Italia y Egipto.

Esta fruta de mesa aporta nutrientes que contienen glucosa y fructosa proporcionando calorías al organismo, además de ácido fólico y vitamina B6, muy recomendables para los primeros meses de gestación de la mujer. Su fibra posee propiedades de suave laxante, así como cualidades depurativas.

En la gastronomía está presente en aperitivos, platos fuertes, ensaladas y en postres, crudas, luego de una comida. Acompaña tablas de quesos, proporcionando dulzor entre los ingredientes salados como quesos y embutidos, combina muy bien con el foie gras y suele ser parte de las macedonias de frutas.

Con la uva española Torrontés se obtienen vinos cargados de intenso aroma y con la Semillon, se producen vinos envejecidos de gran calidad.

Las uvas servidas junto a un rico queso dan lugar a una exquisita combinación a la que alude un conocido refrán: Uvas y queso saben a beso.

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