30 Ago

Elaborada con un compuesto de harina y agua, la masa madre natural es un fermento que no contiene ningún tipo de levadura añadida. En la propia harina hay multitud de levaduras y bacterias que provocan la fermentación de las masas de manera espontánea. Esta forma de fermentación, tan antigua como los panes que con ella se elaboran, aporta un sabor y aroma especial a las masas.

Su preparación es sencilla, al igual que su conservación. Como el proceso es lento, se necesitan paciencia y constancia ya que hay que “alimentarla” para que no se eche a perder y dure mientras la mantengamos.

Hay muchas formas de hacerla aunque todas llevan la mezcla de harina y agua, un entorno equilibrado en el que las levaduras y bacterias propias de la harina se desarrollan y conviven. El proceso dura cinco días y después se la ‘alimenta’ para que continúe viva.

Y es así, es un producto vivo ya que es un cultivo mixto de levaduras y bacterias que se alimenta con harina de trigo, centeno u otro cereal. Se utiliza harina integral al inicio ya que estos componentes viven en las cáscaras de los cereales. Una vez obtenida se va renovando, eliminando la mitad de la masa y agregando una nueva porción de los mismos ingredientes cada día.

Se debe tomar en cuenta que la panificación con la masa madre es más lenta que la realizada con levadura. Una vez lista, se la utiliza para hacer panes, pero también masas de pizzas u otros productos de panificación y bollería.

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