La división entre sal fina o gruesa es cosa del pasado. La gastronomía de los grandes chefs ha permitido descubrir que la variedad de sales que ofrece el mercado trasciende su sabor.

Se puede elegir el color y la textura según el uso o la receta en que se la utilizará. Hay sales rosadas, negras, con cristales, en forma de escamas o pirámides, de distintos orígenes.

Las sales marinas se las conoce como ¨flor de sal¨ debido a que cuando el sol produce la evaporación del agua en las salinas, los cristales se mantienen en la superficie. Mientras que las sales de roca provienen de yacimientos de restos fósiles de océanos desaparecidos hace millones de años.

Entre las sales francesas gourmet está la Fleur de Sel, cristalina que se utiliza en la cocción de filetes de carne, pescado y pato, y la Flor de Sal de Camargue, de cristales blancos redondeados, libre de aditivos, para salar pescados a la plancha y asados.

A la flor de sal de Guérande proveniente de Gran Bretaña, la llaman el caviar de las sales. De color gris, es natural, sin aditivos y rica en magnesio. Acompaña verduras a la plancha y carnes. La sal Maldon es artesanal y procede de las salinas inglesas. Son escamas muy saladas de fácil disolución que se aplican a platos de carne, pescado o verduras a la brasa.

Entre las sales de roca está la sal del Himalaya, extraída de esa cordillera. De grano grueso, su sabor es sutilmente amargo. De color rosado, aporta al plato un toque visual especial.

La sal negra de la India tiene un alto contenido en hierro y es muy utilizada en ensaladas veganas.

La sal negra de India es de roca de origen volcánico. Sus cristales son de color gris oscuro que al molerla adquiere un tono rosáceo.

En Bolivia se extrae la sal rosada de Tarija, que tiene una alta concentración de minerales. De Potosí se extrae la sal del Salar de Uyuni, producto de la evaporación de varios lagos.

Las sales aportan texturas y colores que dan un toque exótico a las comidas.

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